- “En Filipinas, las hermanas agustinas recoletas nos han enseñado cómo vivir al servicio de los demás de una manera alegre, transmitiendo paz e ilusión por lo realmente importante”
15-09-2014 Manila, Filipinas
Itziar Flandes y Laura Retegui ofrecen esta vez su testimonio más personal y sus conclusiones tras visitar en Filipinas ministerios servidos por las Augustinian Recollect Sisters y comunidades que sufrieron las consecuencias de la última temporada de tifones.
Cuando Haren Alde nos dio la oportunidad de conocer las misiones de las Hermanas Agustinas Recoletas (Augustinian Recollect Sisters) en Filipinas, ya esperábamos encontrarnos un lugar menos desarrollado y con menos recursos materiales que Europa, pero no sabíamos mucho de su cultura, tradiciones, carácter

Lo primero que nos llamó la atención cuando llegamos fueron los medios de transporte (no sabíamos que en una moto cabían hasta siete personas), la gran variedad de frutas, los maravillosos paisajes

Poco a poco fuimos conociendo más a las Hermanas Agustinas Recoletas y a la gente. A la vez que visitábamos los colegios, el orfanato o la clínica gratuita que gestionan, podíamos compartir con los profesores, alumnos y sus familias, médicos, enfermeros y voluntarios, así como con gente de los pueblos, una pequeña parte de su día a día.

Visitamos sus casas, compartimos sus celebraciones, jugamos con ellos a baloncesto, deporte que nos apasiona y que practicamos asiduamente. Empezó a sorprendernos su personalidad y la forma que tienen de ver la vida.

Visitamos especialmente colegios situados en pequeñas poblaciones y no en grandes ciudades. Estas personas tienen una manera muy diferente de ver y sentir. Son gente sencilla, la mayoría de ellos pescadores, o trabajan en el campo, o tienen pequeñas tiendas. No tienen muchos bienes materiales, pero a pesar de ello son felices con poseer una pequeña casa en la que convivir todos los miembros de su gran familia.

Pero, a pesar de esta escasez de recursos, nos acogían con gran alegría y generosidad, siempre tenían algo que ofrecernos, ya fuera un café con galletas, un plato de noodles y pescado o pollo con arroz.

Una de las principales características de la región es el gran número de catástrofes naturales que les afectan. Filipinas se ve afectado por tifones (20 a 25 al año de media), además de terremotos y erupciones de algunos volcanes activos.

Pese a ello, los filipinos son gente feliz, que agradece lo que tiene y vive al día. Pudimos compartir con muchos de ellos, tanto niños como adultos, sus experiencias en las más recientes de estas catástrofes y, pese a su gravedad, puesto que la mayoría había perdido algún familiar cercano, sus casas, medios de vida y otros tipos de bienes, todos han seguido adelante con los pocos recursos que les han quedado y con una actitud positiva.

En nuestra opinión, esto es posible por la visión de la vida en comunidad que tienen, de apoyarse unos en otros y compartir. Algo propio de su cultura que se revela como uno de los grandes antídotos frente a la desolación y destrucción que sufren a su alrededor.

Este trabajo es más fácil gracias a la labor que hacen las Hermanas Agustinas Recoletas. Ellas no son solamente las gestoras o directoras de los colegios y proyectos, sino que son referentes, guías y ejemplo para las comunidades con las que conviven.

Esta gran aportación y misión que llevan a cabo es muy valiosa para la gente y queda reflejado en el respeto y el cariño con el que tratan a las hermanas allá donde van.

Aunque la mayor parte de nuestro viaje se centró en zonas rurales, también tuvimos la oportunidad de ver una pequeña parte de Manila, esta vez acompañadas por los Agustinos Recoletos. Como toda gran ciudad, Manila tiene muchos contrastes: vimos grandes rascacielos y centros comerciales, y también mucha gente viviendo en la calle, debajo de los puentes y en “barrios” como Tondo, uno de los lugares más densamente poblados del planeta, con 80.000 personas por kilómetro cuadrado.

Aquí vimos una pobreza diferente a la que habíamos visto en el campo. En vez de casitas hechas con madera y paneles de hojas, rodeadas de vegetación en la que los niños pueden jugar y correr, nos encontramos con infraviviendas amontonadas, construidas unas encima de otras con chapas o paneles, encima de montones de basura.

Este viaje nos ha proporcionado una visión más global de la vida, nos ha enseñado otra cultura y maneras de ver las cosas y esperamos poder aplicar algo de lo aprendido en nuestro día a día. Si tuviéramos que elegir algo de todo esto, sería la hospitalidad y generosidad con la que nos ha recibido toda la gente a lo largo de nuestro viaje, en particular las Hermanas Agustinas Recoletas.

Nos han acogido en todas sus comunidades con mucho cariño, haciéndonos sentir como en casa. Nos han enseñado cómo se puede vivir al servicio de los demás, preocupándose por todos de una manera alegre, y transmitiendo paz e ilusión por las cosas que son realmente importantes.

Para nosotras ha sido una gran experiencia y queremos agradecer a todas las Hermanas Agustinas Recoletas que nos han acompañado en este viaje y han hecho que sea inolvidable.

También agradecemos a los Agustinos Recoletos su gran hospitalidad y el trato recibido. No hemos tenido la oportunidad de compartir mucho tiempo con ellos, pero aun así ha sido muy interesante y esperamos poder conocer mejor sus actividades y proyectos en un futuro no muy lejano.

Deseamos que este viaje no sea más que el comienzo de un trabajo en común con la maravillosa gente a la que hemos tenido la gran oportunidad de conocer.

© HAREN ALDE - En favor de los demás. ONG'D agustino recoleta. General Dávila, 5, bajo D. 28003 - Madrid, España. Teléfono y fax: 915 333 959. NIF: G-31422793. Inscrita en el Registro Nacional de Asociaciones con el número 115.324. Declarada de Utilidad Pública el 17 de julio de 2000.
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